sábado, 23 de junio de 2012

Sentimientos encontrados

En ocasiones nuestro sino nos depara encrucijadas de las que no encontramos la fórmula de salir, sentimientos encontrados entre lo que es o lo que debe ser. El pasado es historia, el futuro es incierto y el hoy es un regalo, por eso lo llamamos presente. No obstante, el hoy es el resultado del ayer, lo que hoy somos no es más que una construcción de nosotros mismos, aprendemos de nuestros errores, pero el Hombre, como hombre que es, tropieza con las mismas piedras, las heridas cicatrizan pausadas cuando se trata de nosotros mismos y el resultado es lo que somos.
Creemos que dejamos atrás nuestro pasado pero siempre encuentra el modo de volver a atarnos.
Las relaciones requieren de los tres componentes, del pasado porque es el germen,donde descubriste que esa era la persona, que esas eran las cualidades que querías a tu lado, que ese era el cuerpo que querías ver despertar a tu lado todos los días. El futuro, aunque carente de certeza se empapa de anhelos, deseos y buenas intenciones.
El hoy es quizás el elemento desolador, hay veces que las rachas buenas son permanentes, otras en las que parece que no conseguimos ponernos de acuerdo y resulta imposible no discutir.
Cuando esto pasa, quizás sea el momento de examinar lo que pasa, este es el momento del encontronazo, el choque frontal entre tu ayer y tu hoy, ese momento en el que descubres que quizás sea demasiado pronto para volverte a insmiscuir en una relación, o que descubres que tu sentamiento es tan fuerte que arrastra en ocasiones la razón, o simplemente, que partes de ti se quedaron en el camino y son esas justo las necesarias para que todo funcione, confianza, comprensión o la más importante paciencia.
Los tipos como yo tenemos una enorme capacidad de hilar fino en nuestros momentos asfixiantes y agarofóbicos, esos mismos instantes en el que de forma lo más solemnemente posible nos limitamos a apartarnos del camino de este mundo incansable y nos tomamos un momento para coger aire, para escucharnos o simplemente para dar a nuestra alma y nuestro cuerpo lo que necesita. Comencemos pues....
Soy torpe, lo confieso,
mi cerebro es insaciable e incansable incluso asfixiante,
soy incrédulo, desconfiado e impaciente,
Soy agotador, soy fugitivo, esquivo
Soy el cuerpo herido de un pasado devastador y un alma deseosa de un nuevo destino, 
Soy simplemente un cansino.
Todo sucede por una causa, todo se dice con una intención, casi siempre doble,
Nadie puede entenderte y por tanto nadie puede ser capaz de amarte.
Ya no me quedan fuerzas hoy de culpar al mundo de mi soledad, quizás no sea él después de todo el incapaz, sino yo mismo por mi inconformismo exacerbado y mi actual incapacidad para dejarme querer, sin peros ni dudas, ni sombras.


miércoles, 20 de junio de 2012

Vidas perras

A lo largo de nuestra vida, hay ocasiones, en las que resulta imposible que las cosas vayan a peor, no obstante, parece que el ser humano está preparado para ello, nos caemos y nos levantamos.
Sufrimos, lloramos y resurgimos de nuestros miedos o momentos de debilidad con más fuerza.
Pero qué pasa si sucede al revés, cuando llega el momento en que las cosas no pueden ir a mejor y sin entender muy bien porqué nos viene una racha buena, una de esas en las que nos encontramos en la cresta de la ola, y todo a nuestro alrededor parece perfecto, maravilloso e interminable.
Seres como yo curtidos en mil batallas, con nuestros cuerpos y alma plenos de cicatrices remendadas con sudor y sangre, no estamos acostumbrados a los momentos buenos, no gestionamos bien la complitud y plenitud de la vida; somos conscientes de lo efímero que es todo y que cuanto más nos dejemos llevar más dolorosa será la caída.
La vida está hecha para sentir, disfrutar y dejarse llevar pero a veces nuestras almas sienten miedo, desconfían y temen que en algún momento nos llegue un palo que no seamos capaz de lidiar.
Por eso requerimos paciencia y amor mucho amor. 
Quizás el símil más fácil sea el de los perros, animales leales, fieles, cariñosos por naturaleza dispuestos a todo por su amo, pero cuando los hieren, sufren o encierran en perreras insalubres, descubren que no pueden volver a confiar que el ser humano es cruel, infiel y despiadado. Sin embargo, cuando los recogen, vuelven a cuidarlos, quererlos, alimentarlos se tornan dóciles, inquietos y mejores de lo que habían sido.
Quizás necesite yo también que vuelvan a domesticarme para volver a sentir lo que reniego, para permitirme de nuevo ser feliz.