domingo, 11 de marzo de 2012

Crónica de uno mismo

La vida pasa y nosotros con ella, cada huella es una senda que impregna un poco de nosotros mismos.
A menudo tratamos de llegar a la meta manteniendo nuestra esencia, la realidad es que rara vez se consigue.
La vida, la gente, el tiempo y las heridas nos contaminan, forman seres que a menudo son nuestros propios demonios.
Pretendemos mantenernos erguidos ante los avatares del destino, mantenernos fuertes y siendo nosotros mismos, pero forma parte de la pantomima de la vida.
Los obstáculos no sólo nos hacen más fuertes, también más duros. Las rupturas no sólo nos hacen más independientes también más fríos. Y las pérdidas no sólo nos hacen más débiles sino también más vulnerables.
Somos lunas que mutan cada noche, cada resto de infortunio prende en lo más profundo de nuestro ser como una auténtica antorcha.
Por eso, cuando sale de nuevo el sol miro al cielo y rezo porque quede algo de mí de lo que era, algo de esa bondad, de esa ingenuidad... algo de aquella felicidad permanente al que le bastaba una piruleta para sonreir.
Yo quiero ser yo mismo...y vosotros?

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